Amb una sabata i una espardenya. Utopia, utopies, utòpiques i utòpics.

Amb una sabata i una espardenya. Utopia, utopies, utòpiques i utòpics.

S’acaba l’any tretze del segon mil·lenni i com si volgués confirmar la idea de mala sort del número en qüestió ha sigut un any horrible, nefast per a grans sectors de població. Per a molts experts i teòrics estem passant una de les pitjors crisis del capitalisme des de la seva implantació. Un any de patiment i frustració per a la majoria de la població, mentre una elit petita i poderosa s’enriqueix de forma grotesca, fa poc els diaris duien la notícia que una companyia automobilística treu un model de cotxe elèctric a sis-cents mil euros i solament una producció de dues-centes cinquanta unitats, set nacionals ja estaven en llista d’espera. La crisi dels setanta, anomenada la del petroli, també va ser d’una brutalitat feroç però la població tenia l’esperança i la il·lusió que amb el final de la dictadura i l’entrada d’Espanya a la comunitat econòmica europea s’encetaria un temps de llibertat i benestar econòmic, aquesta esperança va ser el lubricant que va permetre suportar i superar la situació. En aquesta crisi actual la població té la sensació que no hi ha futur (com si de cop i volta, tots ens haguéssim tornat punkis amb el seu “no future”) que faci el que faci la situació és irreversible i que tot allò que s’està fent és irremeiable i no hi ha cap altra alternativa. Estem en una situació explosiva on en qualsevol moment poden esclatar reaccions nihilistes i desesperades. A finals dels anys seixanta del segle passat va irrompre com un trencagels social l’anomenat “maig del 68”, moviment reivindicatiu que des de la universitat va anar amarant tots els sectors de la societat. Es crea en l’àmbit mundial l’idea que es podia transformar la realitat, que es podia crear una societat nova, diferent i més justa que la que es vivia. Però per damunt de tot el moviment aixeca les banderes translúcides de la utopia al davant (Soyons réaliste demande l’impossible / Siguem realistes demanem l’impossible. Sous les pavés sont les sables des plages / Sota les llambordes hi ha les sorres de les platges). Les poblacions sota aquesta premisa es llencen a canviar la realitat amb tots els mitjans que tenen al seu abast des de la paraula expressada a través de la poesia o la cançó fins als pobles en armes seguin l’exemple de la lluita al Vietnam. La reacció va ser implacable, malgrat la derrota dels EUA i els seus aliats al Vietnam o pot ser per aixó, el poder polític i la dreta va tardar vint anys a enfonsar a l’URSS i va iniciar una cursa desbocada per a desmuntar tot el procés i exigir les despulles dels vencedors que continua avui en aquesta crisi, que com tots sabem, el capitalisme és suficientment flexible i que té una capacitat infinita per a explotar als éssers humans sortirà d’aquesta situació, però ningú sap en quines condicions i cap a on (els diaris d’aquesta setmana porten una notícia que ni la ciència ficció pot superar: Al Japó per a la regió de Fukushima on hi va haver el desastre nuclear, una empresa està reclutant captaires al metro de Tòquio, per a contractar-los amb sous miserables i sense cap seguretat en feines de descontaminació). Davant de les idees utòpiques es va aixecar l’idea del pragmatisme polític al qual es van adherir molts dels partits anomenats socialistes: “Només es pot fer això que és possible, abans de demanar l’impossible”, deien. Aleshores què en queda i per a què pot servir la utopia, vella com la civilització (el seus origens es poden trobar al Poema de Gilgamesh de Babilònia, passant per Hesíode i Tomas Moro), Eduardo Galeano citant al cineasta Fernando Birri, diu que aquest va contestar-li a un estudiant en una trobada a Cartagena d’Índies, Colòmbia: “¿Para qué sirve la utopía? Esta es una pregunta que yo me hago todos los días, yo también me pregunto para qué sirve la utopía. Y suelo pensar que la utopía está en el horizonte y entonces si yo ando diez pasos la utopía se aleja diez pasos, y si yo ando veinte pasos la utopía se coloca veinte pasos más allá; por mucho que yo camine nunca, nunca la alcanzaré. Entonces, ¿para qué sirve la utopía? Para eso, para caminar”. Si ens quedem sense la necessitat d’avançar o ens obliguen a això, només quedarà la resposta de la desesperació i la destrucció.

TEXT: Santiago Serrano

IL·LUSTRACIÓ: Oriol Luis Serrano (Oluiso)

REVISTA: La Segarra, gener de 2014.

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Utopía, utopías, utópicas y utópicos.

Se acaba el año trece del segundo milenio y, como si quisiera confirmar la idea de mala suerte del número en cuestión, ha sido un año horrible, nefasto, para grandes sectores de población. Para muchos expertos y teóricos estamos pasando una de las peores crisis del capitalismo desde su implantación . Un año de sufrimiento y frustración para la mayoría de la población, mientras una élite pequeña y poderosa se enriquece de forma grotesca, hace poco los periódicos llevaban la noticia que una compañía automovilística saca al mercado un modelo de coche eléctrico a seiscientos mil euros y solamente una producción de doscientas cincuenta unidades, siete nacionales ya estaban en lista de espera. La crisis de los setenta, llamada del petróleo, también fue de una brutalidad feroz pero la población tenía la esperanza y la ilusión que con el final de la dictadura y la entrada de España en la comunidad económica europea se iniciaría un tiempo de libertad y bienestar económico, esta esperanza fue el lubricante que permitió soportar y superar la situación. En esta crisis actual la población tiene la sensación de que no hay futuro (como si de repente, todos nos hubiéramos vuelto punkis con su “no future”) que haga lo que haga la situación es irreversible y que todo lo que se está haciendo es irremediable y no hay otra alternativa. Estamos en una situación explosiva en donde en cualquier momento pueden estallar reacciones nihilistas y desesperadas. A finales de los años sesenta del siglo pasado irrumpió como un rompehielos social el llamado “mayo del 68″, movimiento reivindicativo que desde la universidad fue empapando todos los sectores de la sociedad. Se crea en el ámbito mundial la idea de que se podía transformar la realidad, que se podía crear una sociedad nueva, diferente y más justa que la que se vivía. Pero, por encima de todo, el movimiento levanta las banderas translúcidas de la utopía delante ( Soyons réaliste demande l’impossible / Seamos realistas pidamos lo imposible. Sous les pavés sont les sables des plages / / Bajo los adoquines están las arenas de las playas ). Las poblaciones bajo esta premisa se lanzan a cambiar la realidad con todos los medios que tienen a su alcance, desde la palabra expresada a través de la poesía o la canción hasta los pueblos en armas siguiendo el ejemplo de la lucha en Vietnam. La reacción fue implacable, a pesar de la derrota de EEUU y sus aliados en Vietnam o, puede que por esa razón; el poder político y la derecha tardó veinte años en hundir a la URSS e inició una carrera desbocada para desmontar todo el proceso y exigir los despojos de los vencedores que continúa hoy en esta crisis, que como todos sabemos, el capitalismo es suficientemente flexible y tiene una capacidad infinita para explotar a los seres humanos saldrá de esta situación, pero nadie sabe en qué condiciones y hacia donde (los diarios de esta semana traen una noticia que ni la ciencia ficción puede superar: En Japón, para la región de Fukushima donde hubo el desastre nuclear, una empresa está reclutando mendigos en el metro de Tokio, para contratarlos con sueldos miserables y sin ninguna seguridad en trabajos de descontaminación ). Ante las ideas utópicas se levantó la idea del pragmatismo político al que se adhirieron muchos de los partidos llamados socialistas: “Sólo se puede hacer lo que es posible, antes de pedir lo imposible”, decían. Entonces qué queda y para qué puede servir la utopía, idea antigua como la civilización (sus orígenes se pueden encontrar en el Poema de Gilgamesh de Babilonia, pasando por Hesíodo y Tomas Moro), Eduardo Galeano citando al cineasta Fernando Birri, dice que este contestó a un estudiante en un encuentro en Cartagena de Indias, Colombia : “¿ Para qué sirve la utopía ? Esta es una pregunta que yo me hago todos los días, yo también me pregunto para qué sirve la utopía. Y suelo pensar que la utopía está en el horizonte y entonces si yo ando diez pasos la utopía se aleja diez pasos y si yo ando veinte pasos la utopía se coloca veinte pasos más allá; por mucho que yo camine nunca, nunca la alcanzaré. Entonces, ¿Para qué sirve la utopía ? Para eso, para caminar.” Si nos quedamos sin la necesidad de avanzar o nos obligan a ello, sólo quedará la respuesta de la desesperación y la destrucción.

 

TEXTO: Santiago Serrano

ILUSTRACIÓN: Oriol Luis Serrano (Oluiso)

1 Comment

  1. Sr WordPress · 26 noviembre, 2013

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